Leer Para Sentir

Alma Labiur

6/17/2026

Antes de ser tejedora fui lectora. Y aunque hoy mis ojitos me limitan más de lo que me gustaría, la relación con los libros sigue siendo una de las más importantes de mi vida.

Fui durante años una devoradora sin freno. Dostoievski, Stendhal, Kafka, los clásicos que obligan a pensar. Pero también Lovecraft con sus abismos, Stephen King con su capacidad de meter el miedo en lo cotidiano, Mary Shelley con ese Frankenstein que sigue siendo una de las preguntas más grandes que ha hecho la literatura. Y por encima de todos, Tolkien. El Señor de los Anillos es mi obra favorita del profesor, y no es casualidad que algunos de mis lectores digan que quien disfrutó de su universo no puede perderse La Tierra de las Puertas. Lo dicen ellos, no yo. Nunca se me pasaría por la cabeza compararme con él. Pero beber de quien te marcó y construir algo que puede poseer toques del gran profe, para mí es todo un homenaje.

No los admiro porque sean grandes, que lo son. Los admiro por lo que despiertan en mí.

Eso es exactamente lo que busco cuando abro un libro: que me haga sentir de verdad. No me estimulan las historias planas, los romances sin fondo, los finales que no exigen nada al lector. Necesito emoción, misterio sin resolver, intrigas que obliguen a desvelar. Necesito que me empujen a meterme en mis profundidades más turbias para vencerlas y salir reforzada.

Y necesito ternura. Aunque no del tipo que todo el mundo espera. La mía no lleva etiqueta de pareja. Me la despierta un niño con su abuela, un perro abandonado, un amanecer entre brumas. Esa ternura que no es un cartel luminoso y que por eso llega más hondo.

Supongo que por eso escribo lo que escribo. Lo que buscas en los libros que lees acaba siendo lo que pones en los libros que tejes.

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