Mi familia literaria

Alma Labiur

6/17/2026

Ya lo dije antes: no escribo para nadie. Me cuento mis propias historias. Pero cuando alguien entra en ellas, algo cambia.

Es un honor, primero. Y después un impulso. Saber que no estoy sola, que alguien más camina por los lugares que imaginé, siente lo que sienten mis personajes, se pasea por lo que yo he creado desde lo más profundo de mí. Eso no tiene precio y tampoco tiene sustituto. Es el estímulo más honesto que existe para continuar tejiendo.

Me gustan las reseñas. Las leo todas. Y siempre respondo, porque detrás de cada una hay alguien que dedicó su tiempo y su atención a uno de mis niños, y eso merece reconocimiento.

Lo que no me gustan son las adulaciones. Soy muy consciente de que lo que hago no le puede llenar a todo el mundo, y eso no me inquieta. Una crítica negativa, dicha con respeto, la acepto y la agradezco igual. No necesito escuchar una voz ni mirar a los ojos a alguien para percibir si es honesto. Lo noto.

Lo que de verdad me llega es cuando un lector profundiza. Cuando no se queda en la superficie de la historia sino que entra de verdad, y eso se nota en cómo lo escribe, en el mimo que le pone, en la forma en que elige las palabras. Hace poco llegó a nuestra familia literaria una lectora así. Joven, perceptiva, con una forma de expresarse que usa el vocabulario como herramienta, no como adorno. Ese tipo de encuentro es el que te recuerda por qué haces lo que haces, sin necesidad de desmerecer el trabajo de otros. Solo es mi forma de profundizar en lo que me gusta.

Y sí, si estás leyendo este post, eres justamente tú. Ya te lo he dicho en su debido momento.

No busco lectores que me aplaudan. Busco lectores que entren en mis mundos. Los que salen con algo distinto a lo que traían cuando abrieron la primera página. Esos son los que se quedan y esos, sin duda alguna, son mi gran familia literaria. Gracias a todos por vuestro cariño.

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