
Razas fantásticas más allá de elfos y orcos
Alma Labiur
8/15/2026

Cuando en La Tierra de las Puertas solo existía la raza de las Arpías, la unión entre una de ellas y un Humano dio origen a una nueva raza: los Hompájaros. Kráft conserva una singularidad que ningún otro miembro de su especie posee: su rostro está dividido entre lo Humano y lo aviar. Con el paso del tiempo, la raza fue creciendo mediante nuevas uniones entre Arpías y Hompájaros, así como a través de la mezcla con otras razas, dando lugar a individuos muy diversos, aunque siempre reconocibles por sus poderosos rasgos aviares. Arpías y Hompájaros han compartido territorio desde sus orígenes. En Grésnar conviven como un solo pueblo estrechamente unido y, cuando llega la batalla, sus guerreros alados combaten juntos, convirtiéndose desde el aire en una fuerza formidable. Sin embargo, fuera de la guerra, los Hompájaros muestran un carácter muy distinto al que podría sugerir su imponente apariencia. Son amables, afectuosos y protectores. Uno de sus principios fundamentales es que el respeto siempre debe ser mutuo, sin importar el tamaño o la fuerza de aquel a quien tengan delante. Su cercanía con los Karnákos es un buen ejemplo de ello. Debido a la proximidad entre ambos territorios, los Hompájaros vigilan con frecuencia sus tierras desde las alturas y acuden en ayuda de este pueblo cuando es necesario.
La historia de Arpías y Hompájaros, sin embargo, también conoció tiempos de enorme esplendor y otros marcados por la tragedia. El Reino de Plata fue el mayor y más magnífico de cuantos levantaron. El reino alcanzó su mayor esplendor con la unión entre una poderosa Arpía y el más aguerrido guerrero de los Hompájaros. Juntos convirtieron a dos pueblos en uno solo. Pero, años después, cuando aquel reino era venerado y admirado por muchos pueblos, una traición cuidadosamente urdida consiguió destruir todo cuanto durante tanto tiempo les había costado levantar. Quienes lograron huir de aquella vil masacre buscaron refugio en diferentes territorios. Algunos alcanzaron las tierras de la luz, protegidas por Gea. Otros no lograron abandonar el dolor de lo sucedido y dejaron que aquel sufrimiento se transformara lentamente en rencor.
Estos últimos se establecieron en una isla situada en el lago Fango Negro, de cuyas aguas tomaron el nombre con el que acabarían siendo conocidos: el Clan Fango Negro. Juraron que jamás perdonarían y decidieron prestar sus servicios únicamente a quien mejor pagara. Lo que comenzó como una respuesta nacida de una herida terminó convirtiéndose, con los años, en algo mucho más oscuro. Sus prácticas se volvieron cada vez más despiadadas, y la crueldad fue ocupando poco a poco el lugar de los principios que alguna vez habían defendido. El rencor acabó transformándolos hasta hacerlos semejantes a aquellos a quienes habían jurado no perdonar e, incluso, más crueles que ellos. Con el tiempo, el Clan Fango Negro se alió con la Sombra. Así, una misma historia condujo a Arpías y Hompájaros por caminos muy diferentes, aunque sus raíces continúan unidas por un pasado que ninguno de los dos pueblos puede borrar. Pero esa es otra historia, una que permanece guardada entre las páginas de Los Relatos de Piedra Luna.
Gracias por leerme.
Alma Labiur



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